Mi nuevo gorro nuevo "Lachesis" y el capítulo cuatro de Historias Tejidas: El legado de las Moiras. "La Torre de la Verdad".
- Elena Acosta
- 7 ene
- 6 Min. de lectura
Escribo estas líneas mientras observo a través de mi ventana la nieve sueca que lo baña todo de blanco. Todo queda sepultado bajo el puro manto del agua pulverizada. Y mientras hago esto, y ya en Enero tras las fiestas, sigo diciendo adiós al 2025. Un año que me dejó exhausta por su energía y movimiento pero que también trajo un gran impulso a realizar todo aquello que mi creatividad me pedía; escribir, tejer.... Quizá no podamos definir el tiempo ni las épocas, todas traen regalos y se llevan también algo que quizá apreciamos. Al final, lo que nos queda es la realidad, la verdad que habita en la brevedad del propósito diario es bella, y con eso es suficiente, aunque siempre es bonito echar la vista atrás y contemplar con gratitud todos esos caminos que hemos andado, y saber cuáles queremos continuar y cuáles nunca volveremos a pisar.

Proceso de tejido del gorro
Esta vez te traigo este gorro "Lachesis" en honor a uno de los personajes de estos pequeños relatos con los que acompaño mi crochet. Mi imaginación es difícil de contener.
Es un gorro el cual he tejido con la técnica tapestry. He utilizado una lana acrílica de Hilaturas LM Brilliant, para ganchillo nº 6. He ido intercalando 3 colores y creo que ha resultado algo gracioso.
Lamento no poder mostrarte el patrón, pero no me ha dado tiempo de redactarlo, y uno de mis propósitos para el 2026 es estresarme mucho menos. Así que te cuento brevemente cómo procedí.
Después de realizar el elástico con p.m.a en la hebra trasera, realicé una vuelta en punto bajo y luego comencé con una vuelta alternando un punto popcorn, con un punto alto.
La siguiente vuelta es solo punto alto en cada punto y la siguiente otra hilera de puntos altos.
Cuando el alto del gorro me pareció que era suficiente para la medida de mi cabeza comencé a hacer lo mismo pero en cada vuelta de puntos altos realicé una disminución cada dos puntos. Y así hasta finalizar el gorro.



Capítulo 4 de Historias Tejidas: el legado de las Moiras. La Torre de la verdad.
Los dos entraron en la casa y Michael invitó a Justine a sentarse junto a la chimenea para conversar. Justine, dudó por un momento. Hacía tiempo que no hablaba con un hombre cómodamente. Él era increíblemente atractivo, pero no parecía ser consciente de ello, carecía totalmente de presunción. La conversación fluyó naturalmente y charlaron durante largo rato acerca del paisaje, la lana, las ovejas….
Ella se sorprendía a sí misma, viendo cómo de manera espontánea, se abría a este hombre como si lo conociera de toda la vida. En ningún momento, había sentido incomodidad, sólo la paz que emanaba de él. Sin miradas furtivas, sin dobles intenciones, sin devaneos seductores, sin forzados alardes por su parte, sin la presión del juego del cazador y el cazado. A pesar de su evidente poderío, él era alguien campechano que sólo disfrutaba de compartir su comida con ella. Él había servido un poco de queso y chocolate caliente para los dos sobre la pequeña mesa enfrente de la chimenea.
“¿Vives aquí sólo?” Preguntó ella.
“No, vivo con mi perro y mis ovejas y todas las aves que pasan por aquí cuando emigran”…. Respondió riendo.
Justine, en ese momento, deseó fervientemente conocer más profundamente a aquel hombre y convertirse en su amiga. Se sentía tan a gusto, tan a salvo…. Aquello le parecía raro…. Alguien confiable con quien sencillamente abrirse y comunicarse sin problema, era de lo más inusual.
Él se puso serio de repente y le dijo: “Fiona me ha hablado mucho de ti, sentía curiosidad por conocerte. Ella cree mucho en ti. Aunque no ha podido contarte mucho, sabe que eres fuerte”
Justine interrumpió riendo “ Bueno, yo solo venía a recoger la lana y el camino de vuelta no es tan largo….
Michael añadió: “Te ha enviado a mí, no sólo para recoger lana…. Verás Fiona y yo no somos exactamente lo que parecemos…. Ahora, sin saberlo, formas parte de algo más grande y no creo que puedas entenderlo tan fácilmente, pero debes confiar en Fiona y en mí, pase lo que pase”.
“¿Pero qué dices?contestó Justine. No entiendo nada, qué quieres decir con eso?” Justine recordó ese instante de la mañana en que había encontrado sólo un cuerpo de luz, donde había estado Fiona la noche anterior.
“Creo que me estoy volviendo loca” dijo.
“Nada parecido, todo está bien, pero debes verlo por ti misma….. Agarra mi mano”.
Mirándolo a los ojos, Justine tomó la mano que Michael le ofrecía. En ese instante, cuando sintió el cálido abrazo y la ternura de la mano de Michael quedó cegada momentáneamente y escuchó : “Sigue el camino” decía la voz de Michael como un eco lejano.
Al recuperar la visión, Justine estaba de pie junto a una torre que se alzaba infinita hacia el cielo. Era de noche, llovía a raudales y sólo los relámpagos iluminaba el firmamento. Hacía frío, el cielo sin estrellas no era sino un manto negro.
“¿Qué hago aquí? ¿Dónde estoy? ¿ Qué es esto? ¡Michael!”, gritó. Miró alrededor, no encontró a nadie.
La torre, una estructura maciza de ladrillo de piedra, sin ventanas, se alzaba poderosa e inalcanzable. Intentó entrar rodeándola, pero no había puerta. Solo unas escalerillas de piedra rodeaban la torre como un caracol. Arriba a lo lejo,s se vislumbraba una tenue luz. Entendió que para entrar en aquella fortaleza debería recorrer aquella acaracolada escalera infinita.
Puso un pie en el primer peldaño donde se acumulaba el agua y el fango y comenzó a subir.
La lluvia era tan abundante y el viento golpeaba tanto que no podía apenas abrir los ojos y le costaba respirar cuando el agua entraba por su nariz. Cegada y con problemas para respirar inhalaba bocanadas de aire con la boca, Se cubrió el pecho como pudo, pero el agua había empapado su cuerpo en segundos. Subía y subía. Los rayos la asustaban ya que la escalera que rodeaba la torre como una serpiente se iba haciendo cada vez más estrecha.
No podía creer lo que le estaba pasando. Lloraba desconcertada, sólo le quedaba subir por aquella torre que se hacía interminable. El frío le restaba movilidad. Intentaba ir más rápido pero sentía que no avanzaba. Aquella torre era inexorable, al cabo de un rato había subido tanta distancia que el vértigo se apoderó de ella y evitaba mirar al abismo acercándose a la pared húmeda y fría de ladrillos. Casi reptaba abrazada a la estructura. El frío le había entumecido las manos y el cuerpo, el cual se movía sólo por el esfuerzo de su voluntad. La ropa se le escurría por el peso del agua y sentía incómoda cómo se pegaba helada, pues el viento enfriaba el agua, su temperatura corporal bajaba más y más con el frío helado de la altitud. Había perdido la cuenta de cuánto tiempo había pasado subiendo aquella maldita escalera, pero su instinto le impedía parar, debía llegar arriba como fuese. “Si resbalo y caigo, moriré, sólo puedo seguir subiendo”
Llorando y con la total certeza de que moriría allí, vió la primera luz que asomaba en un primer postigo diminuto que se abría en la estructura de piedra. “Tengo que aguantar, pensó, estoy cerca y debo saber qué está pasando aquí”.
Siguió mirando al suelo, paso a paso, peldaño a peldaño, seguía girando alrededor de aquel bastión infranqueable, hasta que sorprendida, puso el pie en el último escalón. Miró hacia arriba y allí casi en medio del cielo, habiendo dejado las nubes abaj,o se veía la luna como un faro en medio de aquella inmensa oscuridad. A la izquierda un gran portón de madera, decorado con viejas formas talladas en los listones.
Gruñó intentando abrir el portón y la madera cedió. Ante ella se abría el paso a una gran galería con techos altos y flanqueada por columnas y esculturas. Los símbolos tallados sobre el marfil azulado parecían de terciopelo, la joyería engarzada en aquellas esculturas causaba destellos al recibir los haces de luz de luna que se filtraban a través de los grandes ventanales de cristal. Justine recorrió asombrada los detalles de aquella majestuosa nave con su mirada y siguió recta hacia lo que se veía como un gran círculo al final de la sala.
Tras hileras e hileras de columnas, al fondo de la enorme naos se erguía un enorme círculo en forma de rueda dentada como un gran sol de metal y encadenada a él una mujer de belleza celestial. Su rostro caído oculto bajo un manto de cabello rojo y su vestido blanco cubriendo un cuerpo débil y agotado.
Levantó la mirada y dijo “Justine… lo has conseguido” y sonrió con languidez.
¿Fiona?- respondió asustada, no reconocía físicamente a aquella mujer pero su voz era idéntica a la de la anciana- “¿Eres tú?
Levantando su cansada cabeza levemente, la miró con sus ojos violeta y dijo, “sí, una parte de mi es Fiona, pero mi nombre real es Lachesis, algunos dicen que mis hermanas Clotho y Atropos y yo somos hijas de Nyx ( la Noche), otros dicen que somos hijas de Zeus y Temis, diosa de la Ley y Justicia.
“Calla, Lachesis,” increpó una voz crispada desde detrás de la rueda dentada a la que estaba encadenada Fiona o como ella había dicho “Lachesis”. “ No menciones mi nombre” decía mientras se acercaba su presencia saliendo de la oscuridad.
Y aquí te dejo el vídeo por si no quieres leer tanto. :)





En este capítulo hay un giro inesperado donde la magia y el suspense por lo por venir me ha enganchado definitivamente unido a la privilegiada pluma de Elena Acosta que lo hace de obligada lectura para los amantes de la literatura.
Quedo ansiosa a la espera de la siguiente entrega.
Cada vez me intriga más los capítulos se "Las moiras" tengo mucha curiosidad.