Día Mundial del Arte
- Elena Acosta
- 14 abr
- 2 min de lectura
Parece banal, ¿verdad? Para muchos, el arte es algo de lo que se podría o debería prescindir. Algo superficial y sin valor que no aporta nada a nuestra sociedad tecnológica, para otros supone un valor o posesión elitista, un lujo para una minoría que se siente digna de privilegio en un mundo meritocrático.
Sin embargo, el verdadero artista y el verdadero admirador del arte no entiende de clases sociales, sino de la exaltación de las emociones, los sentidos y el intelecto, que puede ocurrir en casi cualquier contexto y en cualquier ámbito socioeconómico. Muchos artistas recurren a las redes para recibir algo de apoyo, pues los gobiernos han "rarificado" el arte ya desde el sistema educativo, convirtiéndolo en algo "que no tiene salidas" y "es solo para ricos", no es productivo.
Sin embargo, hay unos pocos, que saben que el arte es quizá de los pilares más importantes de la sociedad. El arte en sí y en todas sus formas, es testigo de la historia. Gracias a él sabemos y conocemos las pasiones, emociones y aspiraciones de civilizaciones perdidas, enseñándonos que el pasado es aún presente.
El arte es el reflejo de nuestras luces más limpias y de nuestras sombras más oscuras.
Es la manifestación más alta del deseo del ser humano por volverse algo mejor, más bello y más profundo, mediante la disciplina y la pasión por la belleza o lo diferente.
Contemplar la belleza del arte, se ha convertido para muchos en propósito, esperanza, promesa de un futuro para los que han sido visitados por el demonio de la desolación. El arte a veces puede ser un ángel que dota de sentido y dirección, de paz y meditación.
No es sólo cosificación y negocio. No es algo enlatado, producto de una fórmula. Es expresión plena, libre y salvaje, ante todo legítima, de todos los pensamientos y emociones del ser. Desarrolla la inteligencia emocional, el pensamiento abstracto y la capacidad de profundizar en la vida misma. Tiene muchas formas, reflejando así la diversidad del mundo.
Y está bien ganarse la vida viviendo del arte y hay algunos elegidos, que lo logran. Y también está bien que se admire a los artistas, por muy insufribles que sean (si de verdad lo son, quiero decir, artistas). Al fin y al cabo, son ellos los que se atreven a desnudarse y expresar sin tapujos su interpretación propia de la realidad y son ellos y ellas los que abrazan el principio más divino del ser humano, la creatividad.
Por eso, alejar a alguien del arte, es deshumanizarlo, pues es alejarlo de sí mismo y de los demás, es alienarlo, empequeñecerlo y vulgarizarlo. Es arrancarle la capacidad de maravillarse, desarraigarlo del mundo, es simplemente destruirlo.
Hoy y cada día, hay que celebrar el arte, revelarse, aferrarse y no rendirse porque si hay algo parecido al amor, es el arte y como decía Lope de Vega, "creer que un cielo en un infierno cabe,
dar la vida y el alma a un desengaño; esto es amor, quien lo probó lo sabe."






Casi había olvidado lo importante que sentir la emoción de lo que nos enamora. Dios pone la materia y nosotros descubrimos el arte en ella. Gracias Elena, nos has invitado a reflexionar.